Juan Bobo se casa…

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Juan Bobo se casa…

Ella estaba prendada de él. Él le parecía un niño, niño para acariciar, niño para mandar, niño para jugar.

_ ¿Tú no tienes novia?
_No, yo no…Vía, pero era antes. Mai decía que yo era bizco.
_Yo quiero ser tu novia.
_Bendito, yo no sabía que tú no-via. Yo te ayudo a caminar, vente.
_No, no; yo quiero que seamos novios.
_ ¿Quién no…vio? Se cayó? Pues vamos a cerrar los ojos y jugamos a la gallinita ciega.
_Si, si, era un niño, un niño grande. No eran así todos los hombres, niños grandes?
Y se hicieron novios.
Ella lo mimaba. Le hacía cosquillas. Le preparaba comidas especiales para él.
Allá en su casa se metía el desde las 5-9PM. Al otro día iba a trabajar en la tala que había sido de su padre.
A las 3:00 P.M. ya se estaba bañando para ir a verla.
Ella estaba encantada.
_Juan Bobo, tienes que preparar la casita para casarnos.
_Sí, sí, yo la preparo.
Pasaba el tiempo.
_Juan Bobo, y la casita?
_Yo la voy a preparar.
_Mira, hazla al lado de la casa de tu mamá.
_Si, yo la hago ahí mismo.
Y pasaban los días.
_Juan Bobo, mi primo Juancho te va a ayudar a construir mañana sábado.
_Si, si, que me ayude.
_Mañana empiezan_
_Está bien.

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Cuando la mamá vio cómo trajeron las varas y troncos del monte no lo podía creer.
-¿M’ijo que tú haces?
_Me voy a casar.
Ella no lo creyó. Hablo con el primo de la novia. Entonces comprendió. Fue a conocerla. La tanteo. Quería ver si había notado la bobera de Juan.
No, no la había notado. Lo encontraba lindo.
Qué hacer? Insistiría sobre la bobera? Le contaría todo lo que había pasado ella con el: sobre el caldero, el reloj, los pollitos y sobre todo, lo del nene y la mollera, y tantas cosas más…Bueno…ella era una mujer cristiana…y no le rompería el corazón a su futura nuera…
Juan Bobo se llevó a Lolita…para la casita que había hecho,. Llego una tarde con ella y su maleta. Entraron a su bohío.
La madre era todo ojo y oído pendiente a su hijo…ese día. Le ofreció su acostumbrado plano de arroz y habichuelas. Esta vez añadió más cantidad para la nuera.
_No siña Juanita, no vamos a comer ahora.
_Pues hijos voy a ponerlo aquí encima de la alacena, bien alto, para que el gato no se lo coma.
_Si, mai.
El y su esposa entraron al bohío. Ella cerró la puerta. A media noche Juan Bobo sintió aquella queja que tanto le amargo la vida siempre, era el hambre. Lo que le había dado Lolita de comer, antes de regresar de su casa esa tarde, ya se le había desaparecido. Se fue hasta la casa de su madre. Llego a la alacena. Puso una silla. Luego una mesita. Trepo hasta arriba. Al impulsarse las tumbo. No le importo. Comió con gusto. Lo de él y lo de su mujer. Terminó. Miró para abajo. Era alta la alacena. No podía bajar. Miraba hacia abajo. No había forma de bajar. Llamo a su madre. Esta tenía un sueño pesado.
_Mai, mai, mai, mai no me puedo bajar. Mai, estoy aquí trepado y Ella despertó.
_Mai, estoy trepado, como me bajo?
Ella sonrió. Había estado sonando con su nieto. Se puso contenta. Como todavía estaba dormida le recomendó:
_Mi hijo tírate con cuidadito, tírate con cuidadito.
Con cuidadito se tiró.
Cataplum, cayó. El escarceo de su hijo la despertó. Sorprendida se llegó hasta la cocina. Juan Bobo medio sonreía, medio se arresmillaba.
Su madre reconsideró su pensamiento anterior al verlo tirado allí, en el soberao, y pensó, tendré nietos alguna vez?

Del libro de Nuevos Cuentos de Juan Bobo del escritor Roberto Hernández

isabel
isabel
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