Cuando lo “poco” era “suficiente

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Cuando lo “poco” era “suficiente

Tal vez usted es una de esas personas que ha escuchado la frase: “En época de Lilís, los perros se amarraban con longaniza”, haciendo alusión a la abundancia de comida que existía en la época (finales del siglo XIX).

Ahora bien, ¿Se imagina usted ganando $62.50 mensual, o tal vez $125.00?

Pues no hay que remontarse muy lejos para pensarlo. Cuando Don Antonio Guzmán Fernández asume el poder en el año 1978, esas eran las sumas que regularmente se pagaban en la mayoría de empleos que se tenían entonces.

El transporte aumentó de 5 a 10 centavos lo que fue un escándalo…el recorrido se podía efectuar desde la feria hasta la Padre Castellanos sin ningún inconveniente. Luego Unachosín no pararía de fuñir la paciencia hasta llevarlo a 25 centavos, precio este que también se pagaba por un largo trayecto en la ruta 5 y usted podía recorrer toda la ciudad.

No nos detengamos aquí y pensemos que el costo de alquiler, en una amplia casa, no importando el lugar, no sobrepasaba los 40 pesos mensuales, un vehículo podía ser adquirido por 6 mil pesos (Nuevo con su plástico) y si usted quería comprar un apartamento no le salía por más de 75 mil.

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Los mercados y los pocos supermercados que existían en la ciudad se veían abarrotados debido a que con 50 pesos mensuales usted podía satisfacer la necesidad alimentaria de su familia en ese mes. Es cierto que teníamos muchos apagones, pero el recibo no pasaba de 80 pesos y el teléfono costaba 6.

El dólar estaba a la par y fue motivo de crítica cuando aumentó sus primeros diez centavos. Los ricos de ese entonces no eran tan ostentosos, pero sobre todo, los políticos no eran tan ambiciosos (ejemplos hay).

Usted se preguntará ¿A qué viene todo esto? Y podríamos responderle que en menos de 40 años la desproporcionalidad ha hundido nuestra economía.
Si bien es cierto que el poder adquisitivo del peso es directamente proporcional a la tasa de cambio, hoy día podemos ver que las cosas no nos cuestan 50 veces más caras que antes, nos cuestan mil y hasta un poco más.

El afán de lucro y la ambición desmedida ha calado hasta el tuétano de los huesos de nuestra juventud y nuestros políticos, que hablar de solidaridad se hacen imposibles.

Hoy ya no se realizan favores sin pensar en lo mercurial, ya no vemos el famoso plato a través de las ventanas en los barrios, ya no se cambian ropas por pollos, ya hasta los campesinos para comerse uno tienen que comprarlo.

La modernidad nos ha alejado unos a otros, y aunque no queremos hacer acopio de que “todo tiempo pasado fue mejor”, caramba con cuanta añoranza recordamos los tiempos en que lo “poco” era “suficiente”.

 

isabel
isabel
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