Y colorín, partido Colorado, este cuento se ha acabado.

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Y colorín, partido Colorado, este cuento se ha acabado.

UN CUENTO DE HADAS

El príncipe vivía maravillado en sus tierras las cuales parecían estar bendecidas por la naturaleza. Eran tierras protegidas y bañadas por nubes de un blanco intenso al amanecer y al ocaso no se podía distinguir el color en lontananza. Estaba entre un rojizo pálido o un morado entristecido.

Pero por  más tierras que tuviera, hasta donde se perdía la mirada en el Horizonte, al príncipe le faltaba algo, le faltaba amor, le faltaba tener CONSUELO.
En el bosque vivía una plebeya…lánguida, leve, triste y tan sublime, la cual soñaba algún día poder alcanzar el sueño más preciado que toda mujer pueda tener: un marido que no proteste por nada.
20664783_10154594790006193_6327297855188750958_nCierto día se le apareció el hada madrina y le dijo: Joven mujer, que te pasa?
A lo que ella respondió: Necesito encontrar el amor… necesito un pollo…
El hada le dijo: No es tan fácil… te voy a dar un pollo, pero para que vayas aprendiendo a cocinar, porque toda mujer debe aprender a cocinar. Te voy a dejar el pollo para que lo cocines…
Pero cómo? dijo la plebeya. A lo que el hada respondió: Ponlo al fuego aunque TEMO que dure mucho para que puedas probarlo.. .Y desapareció

La plebeya, ni corta ni perezosa apiló la leña conque iba a cocinar ese “pollo”, pero con tan mala suerte que dejándolo mucho al fuego se le achicharró.

Triste, apesadumbrada se fue a caminar sin rumbo por esas tierras protegidas por la naturaleza y sin proponérselo se encontró con el Príncipe…

Que busca un príncipe solo y a estas hora? Replicó ella…

Mirando todo ese kilometraje cuadrado el príncipe atinó a decir: Con mucha FE LUCHO por poder desarrollar todo este basto terreno dentro del “Reinado” de mi padre, a quien pienso heredar alguna vez. Ver las Águilas descender en la bahía como señal de la fortaleza de mi principado. En ese momento el príncipe abrazó a la plebeya y le dijo: Déjame construir las carreteras que sean como Corales que lleguen a tu corazón, levantar un edificio de muchas habitaciones donde podamos recibir muchos huéspedes…
Todo iba muy bien hasta ese momento hasta que ella preguntó: Sr. cuáles son sus pretensiones conmigo? El la miró serenamente, agarró sus manos, se alejó un poco y con voz apasionada le dijo: Quiero conocer la cueva de las Maravillas y que tú conozcas el camino que conduce a Pelempito.

La Plebeya sintió pánico y huyó hasta donde sus fuerzas le alcanzaron. Nunca más volvió a saber de él. Solo se conoce en la historia que lo iban a interpelar y que su última expresión fue: malaya sea la hora….

De ella lo último que se supo fue que conoció al sueño de su vida y se fueron a vivir a “KABUL”, en Afganistán y por allá ella sigue peleando y peleando…

Y colorín, partido Colorado, este cuento se ha acabado.

isabel
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