Poca prudencia política

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Poca prudencia política

En cierta ocasión en el periódico impreso de la Revista 110 se me permitió publicar un artículo titulado “cuando lo poco era suficiente” y en el mismo resaltaba las condiciones que, como pueblo, y aún con la existencia de un sueldo de miseria, se vivía.
Hoy parece ser que lo “suficiente no es siquiera suficiente para nada” y el mismo gobierno está atrapado en esa vorágine del dispendio al cual se acostumbraron “en tan poco tiempo”.

Siempre he sido un asiduo lector de la prensa y de todas las corrientes de opinión, pero sobre todo y en los últimos tiempos, gracias a la interactividad de la red, de las opiniones que generan los lectores de los portales en internet.
Gracias a los mismos nos podemos dar cuenta de la división ancestral que llevamos en todos los órdenes.

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La actividad política ha catalogado a todo el que denuncia como malo sin dejar atrás todos los epítetos personales que pueden señalársele a esa persona. Los amigos te “extraditan” del círculo por no compartir sus ideas o porque las tuyas les afectan en el orden económico.
No hay peor ciego que el que no quiere ver, reza el refrán; y esos que hoy defienden a todas luces la impunidad pagarán por el caos futuro que le espera a nuestra nación. Vivimos el hoy, el día a día, pero dejaremos para nuestros hijos y nietos las preocupaciones que se generarán en el porvenir. A nadie le importa mientras seamos los que estemos disfrutando de la fiesta.

Las autoridades actuales, al igual que los montantes en época de navidad, nos deslumbraron con su rápido ascenso y por la luminosidad de sus ideas, pero lamentablemente, al igual que el montante, explotaron en el aire y lo que va quedando es la estela de humo. Hoy en día ha quedado demostrado que el gobierno del doctor Balaguer no fue el más corrupto. Hoy en día ha quedado demostrado, debido a las asignaciones presupuestarias anuales y por los préstamos, que el gobierno de Hipólito Mejía no fue el que descalabró la economía nacional. Lo que aún no se ha podido demostrar es que este gobierno no haya sido peor que los anteriores.

Como nos gusta tanto comparar la situación de la república con otras naciones en el orden económico, turístico y de seguridad, sería bueno también que la comparáramos en el orden ético de lo que debe ser una gestión transparente. Mucho más allá de las denuncias de corrupción de determinados funcionarios existe algo y que han pasado por alto casi deliberadamente en nuestro país, se trata del alegato de entrega de fondos públicos, en dólares, a una fundación personal de un presidente en ejercicio.

Esto hubiese desatado un escándalo de marca mayor, no solo porque se trata del erario, sino que el tráfico de influencias y el conflicto de intereses no pueden estar por encima de lo que la prudencia política recomienda. La cámara de cuentas debió haber sido la primera institución en levantar su voz y auditar los mismos, porque si ha aparecido una institución, de seguro que aparecerán otras.

Algún día tendremos que darnos cuenta de que el país debe estar por encima de cualquier interés personal o partidario. Hasta que no haya una unidad de criterio con relación a la nación seguiremos sufriendo los mismos males que desde hace tiempo padecemos. Hasta que todos juntos no reclamemos respeto como pueblo seguiremos acudiendo a las urnas para elegir a los próximos millonarios de turno que gozarán de toda la impunidad posible porque en esa materia no se hace nada.

isabel
isabel
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