¿Es verdaderamente feliz quien olvida, aunque sea alguna vez, que lo es?

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¿Es verdaderamente feliz quien olvida, aunque sea alguna vez, que lo es?

Carreteando con Aida Peña

Mis Josefadas

Cupido siempre intentaba herirla en el centro de su ser, aunque ella sentía que lo había hecho varias veces, pues muchos amores se aposentaron en su corazón, otros saborearon la tibieza de sus sábanas, o escucharon un te quiero de sus labios, mas su alma seguía intacta. Ningún roce traspasó los senderos íntimos de su piel, quedando en meros contactos epidérmicos.

Cupido no perdía la esperanza de herirla gravemente, esa había sido su misión desde siempre: unir corazones solitarios en un instante mágico, pero con Laura la sensación de frustración campeaba por su garganta.

Cercana a su segunda veintena ya no esperaba el amor del que todos hablaban, ya hacía tiempo que ni siquiera se sentía ilusionada en ese terreno. Era feliz, aunque a veces lo olvidaba, y se pregunta, como otras tantas veces: « ¿Es verdaderamente feliz quien olvida, aunque sea alguna vez, que lo es?» —no se respondía, no le interesaba responderse.

Su trabajo le gustaba, enseñar y orientar a niños discapacitados la llenaba de satisfacción personal, ver sus permanentes caritas de asombro, su ingenuidad, la pregunta eterna en sus labios la maravillaba. Ellos eran lo más cercano a una familia, pues sus padres quedaron en el lejano pueblo natal. A pesar de estar acostumbrada a no tener un compañero a su lado, nunca se ha sentido sola, pues aprendió a convivir con sus pérdidas afectivas y con sus Lauras: la sumisa, la guerrera, la maestra tolerante y cariñosa, las mujer férrea que sabe enfrentar la vida, la amiga que sostiene con su abrazo, la confidente que acoge al náufrago afectivo; todas la completan y la definen.

En cada pérdida de amor se esconde tierna y sumisamente una llama de esperanza, porque no teniendo a quién amar se ama a todos, no teniendo a quién pertenecer se pertenece a todos; pero en el fondo del corazón se busca esa única mirada que nos define y nos completa, que nos hace crear un universo solo para dos, esa llama que solo nosotros en complicidad con el otro encendemos. El corazón siempre busca a quién pertenecer, y el de Laura, aunque aparentemente ya no esperaba a cupido, todavía busca…

Feliz vida, Carreteadores-compas.

isabel
isabel
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