Neyba sin uva….

Home / Barbacoa / Neyba sin uva….

Neyba sin uva….

Neyba, República Dominicana

Era la fiesta más grande jamás bailada en Neyba; y no faltaba razón; después de más de diez horas de angustia, ahora con las uvas de regreso nadie pensaba en otra cosa que no sea festejar. Se resbalaba en carnes; aunque a decir verdad no eran tan necesarias, porque los plátanos hervidos se podían comer con su propia sanchaducha; tan suaves que se deslizaban como en un tobogán laringe abajo.

Esta desbordada alegría, contrastaba con el desconsuelo colectivo que padecía esa misma gente unas diez o doce horas antes, cuando las uvas desaparecieron como por arte de magia de todos los viñedos.

Los primeros casos dieron luz en la finca experimental del gobierno; no se podía creer lo que se tenía a la vista; debajo de la enramada no colgaba ni un solo racimito de uva; parral que el día anterior era todo envidia, por la deslumbrante belleza de sus racimos llamando a la lujuria.

20643373_1790206734328340_2190096688521200174_o

La abrumadora noticia se esparció de inmediato, y la gente corrió despavorida a otras parcelas a confirmar tal desgracia… y, ¡oh sorpresa !, donde quiera se vivía la misma ausencia; de un día para otro, las llamativas frutas desaparecieron sin dejar rastro; por lo que todos: niños, religiosos, zurdos, derechos, comunistas, gordos, flacos, precandidatos, encuestadores, heteros…Todos se lanzaron de parral en parral, en busca de los últimos granitos que pudiesen conseguirse.

Se abrieron subastas, se montaron apuestas; mujeres ofreciendo el “si” negado siempre; hasta el amor ahora tenía precio (Un racimito de uvas); llegándose al extremo de permutar vastos conucos de plátano, por estériles parrales de los que no pendía ni una pasa.

No valieron ensalmos del mejor curandero de la comarca, quien se vio compelido a dejar su altar para prestar su servicio, encorvado bajo las enramadas.

Hasta los burdeles se quedaron sin clientes, éstos se marcharon con las ganas a medio palo, seguidos por las meretrices quienes reclamaban un adelanto a sus caricias tronchadas; acto que no podía tildarse de fullería según algunos medio-borrachos, aduciendo que no había tiempo que perder, y mucho menos para pagar, con esta adversidad que arruinaba el futuro, ya que los italianos tenían en proceso de prueba una fábrica de vinos, y solo esperaban eliminarle un saborcito a vinagre, para exponerlo al mercado.

En tanto, los más astutos se dirigieron a comprar todo el vino que pudiesen, sin regatear y, sin la certificación de un catador. Se formaron largos tumultos por los mostos; las barricas se vendían para exhibirse en museos; Neyba era todo movimiento, sacudida por interminables hileras de automóviles.

Bajo una asfixiante atmosfera, la gente se movía con pesadumbre, como sobrevivientes de un futuro sin gloria. Zapatos sin suela por las calles, bicicletas con los pedales rotos, tenis tirados, miradas de desconsuelo; se estaba perdiendo la esperanza del resurgir de las uvas.

Agrupados en las esquinas, los débiles de espíritu se entretenían arreglando sueños y maquillando pesadillas, para acomodarlas a la situación que vivía Neyba sin Uvas. Ante tamaño pesar la ciudad se llenó de espejismos: Las guayabas parecían uvas, los mangos parecían uvas, las quenepas parecían uvas; y las uvas no aparecían.

Rosarios en manos, sermones, arrepentimientos; unos echando en cara los pecados a otros, políticos culpándose entre sí, infieles rogando perdón; se plantó tal gentío frente al confesionario, que el cura dijo que solo pediría absorción por los que recitasen de memoria los diez mandamientos del barbudo Moisés.

Del mismo modo los evangélicos montaron la campaña “Hay uvas que salvar”, con la fe que les caracteriza, que les daba la seguridad de que las uvas amanecerían donde debe ser: En los parrales.

¿Quién iba a dormir?, ¿qué mortal se atrevería a entregarse a Morfeo para ponérsela tan fácil a las pesadillas?

Como nadie quería esperar la noche bajo ese suplicio, al jefe parroquial se le ocurrió recorrer en procesión las apocalípticas calles, con el propósito de que el Santo Patrón, tuviese la oportunidad de reivindicarse, regresando las frutas desaparecidas; ya que no había hecho ningún milagro significativo desde hacía muchos años, cuando desvió el cauce del río que se desbocaba bajos sus pies.

Con más preocupación que solemnidad, el cortejo religioso enfiló hacia el sur para bordear el parque. La imagen encalada llevada en parihuela se adentraba en la fronda de los Laureles, donde rosó con su cuchillo, con una pequeña rama, que se vino al suelo, lo que llenó el ambiente de un ensordecedor silencio: ¡Milagro, milagro!, y al unísono exclamaciones y batidas de pecho.

Una inexplicable expectativa hizo correr a la gente hacia los parrales; y ahí estaban ellas de nuevo… UVAS, UVAS, UVAS; VOLVIERON LAS UVAS, agregándose a la lista las variedades Red Globe y tempranillo…

De inmediato empezó la fiesta sin restricción de horario.

Guardando la distancia, inspirado en la crónica de Gabriel García Márquez, “Caracas sin Agua”.

Agosto 2008

Tony  Rodriguez Labour

isabel
isabel
Autora
Recent Posts

Leave a Comment

Start typing and press Enter to search

10293711_298492420306348_1649112742232548984_o51892033_2197549443599344_3561936994139373568_n